NOSOTRAS

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Arte:Susana Khabbaz

sábado, 15 de noviembre de 2008

EL MAESTRO Y LAS MAGAS



El maestro y las magas
(Editorial Siruela 2005)
En este libro que completa su autobiografía La danza de la realidad (Siruela, 2001), Alejandro Jodorowsky cuenta cómo conoció al maestro japonés Ejo Takata, que lo inició en la meditación, en el budismo zen y en la enseñanza que transmiten los koans. Sin embargo, la aplicación de estos conocimientos en la vida lo aprendió de un reducido grupo de mujeres ("magas") que nada tenían que ver con el budismo. Aunque era el propio Takata quien le mostraba la esencia del zen y de los koans, la experiencia de dichas enseñanzas sólo la aprendía a través de estas mujeres.

En este libro nos habla de la escritora y pintora surrealista Leonora Carrington; de Doña Magdalena, que le enseñó el masaje iniciático; de la poderosa actriz mexicana la Tigresa; y de Reyna D'Assia, hija del ocultista G. I. Gurdjieff. Pero en la vida del autor hubo otras magas: la sacerdotisa de los hongos María Sabina, la curandera Pachita o la cantante chilena Violeta Parra, de quienes ya escribió en La danza de la realidad y Psicomagia.




El mensaje de las magas

Lorenzo León Diez



El maestro y las magas
Alejandro Jodorowsky
Grijalbo 2005

En el más reciente libro de su afiebrada producción, Alejandro Jodorowsky, como siempre, nos divierte y enseña en la narración de sus experiencias con hombres y mujeres excepcionales. La estancia mexicana del gran artista chileno es, sin duda, la más trascendente de su vasto intinerario internacional no solamente para él sino para nuestra cultura. Jodorowsky y Carlos Castaneda son los dos autores extranjeros que con más intensidad y conocimiento de causa, han difundido los valores arcaicos de México en el mundo. Ambos fueron aprendices de brujos y maestros de otros.



Pachita

Una de las magas o brujas más impactantes, que operó de cáncer del hígado a Jodorowsky y a quien acompañó en otras intervenciones, es la curandera Pachita. Sus experiencias con ella están narradas en los libros La danza de la realidad y Psicomagía, por lo que aquí se refiere solamente al anillo de oro que ella le colocó en un dedo mientras reemplazaba un corazón muerto por uno vivo (sangre, olor pestilente, penumbra, aullidos del paciente). ¿Qué quiso decirme Pachita –se pregunta- ¿Me propuso una boda espiritual?. Es posible. Mi contacto con ella me permitió años más tarde crear la Psicomagía y el Psicochamanismo. ¿Sabía la curandera que esto iba a suceder o lo deseaba e hizo todo lo posible para provocarlo? Misterio. Como sea, después que llega a su casa y se duerme, el anillo, al despertar, desaparece.

María Sabina

Otra maga, a la que sólo se refiere brevemente, es María Sabina, a quien no conoció físicamente sino en un nivel onírico. Cuenta que un amigo, el pintor Francisco Fierro, le entregó un regalo que le había mandado Sabina desde Huautla: seis parejas de “niñitos santos”: Ella te vio en sueños. Parece que vas a realizar una obra que ayudará a que los valores de nuestro país se reconozcan en el mundo, le dijo. Afirma Jodorowsky que hasta el día de su muerte, María Sabina apareció en mis sueños –en los momentos difíciles- y siempre me fue de gran utilidad.

El monje zen

El director de teatro tenía 30 años cuando se hizo discípulo del monje róshi (venerable maestro) Ejo Takata, que en 1967 llegó a México luego de que decidió salirse, después de 30 años, de su monasterio en Shofukuji, Japón y viajó hacia California en Estados Unidos intrigado de por qué los hippies estaban interesados en el zen. De allí, en un camión de carga que transportaba naranjas, llegó hasta la Merced, en la ciudad de México, donde por azar lo descubrió un discípulo de Erich Fromm, y lo llevó como regalo al grupo frommiano. Jodorowsky, al conocerlo, le ofreció su casa para que la transformase en un zendó (lugar para la meditación). En su libro el autor hace una reseña de sus primeros cinco años de meditaciones guiadas mediante la solución de los koans, especie de adivinanzas que sumergían a mi razón en un estado de agonía.



Leonora Carrington

Takata envía a Jodorowsky, para continuar su aprendizaje, con la pintora surrealista Leonora Carrington, quien vivía en México y tenía 52 años de edad. Deja que ella te otorgue la mujer interior de la que tanto careces, le dijo el monje. Y héla aquí: Antes que nada, en lo alto de la escalera más que a una mujer vi a un ser. Más que un cuerpo vi una silueta alargada que sólo pude definir como una penumbra concreta donde brillaban dos ojos penetrantes llenos de un espíritu huracanado pero cristalino. Parecía que su mirada estaba hecha de alma.
Los personajes del libro son reales y fidedignas las situaciones que cuenta, pero todo al mismo tiempo es fantástico o surreal. El autor ingresa en el otro hacia sí mismo o desde su yo al otro que es su espejo. Leonora habitaba en un ámbito regido por otras leyes que las de la razón. Una noche ella le llama por teléfono y le dice: Ya no te llamas más Alejandro. Te llamas Sebastián. Cuidado: nos vigilan. Para consolidar nuestra unión vamos a cometer una fechoría sagrada. Levántate y alquila una habitación en el hotel Reforma. Acepta sólo la número 22. No temas: por las leyes del santo Azar, ese lugar estará libre. Llegaré allí a las nueve de la mañana. Cuando Jodorowsky ha cumplido y la espera le sucede que mi sexo fue invadido por una frialdad cadavérica. La posibilidad de tener una erección me pareció inalcanzable. Los miedos ancestrales del incesto con la madre me habían castrado. Sin embargo, cuando la pintora llega me di cuenta que me había equivocado al juzgar sus intenciones. En su actitud no había nada de sexual. Lo que Leonora le propone es comer cada quien una calavera de azúcar con el nombre de cada uno grabado en la frente. Vamos a devorarnos el uno al otro, le dijo. En un momento su rostro se esfumó y en su lugar vi el mío. Ella le dijo Ahora tu cara es mi espejo.



María Félix

Leonora Carrington estaba pintando en ese entonces un retrato de María Félix. Al terminarlo organizó una velada con la actriz, que Jodorowsky pudo atestiguar. Y así retrata él a su vez a la diva: María Félix, al natural, era mucho más impresionante que en la pantalla del cine. Su espesa melena azabache, su figura delgada, sus pasos de reina, su actitud viril y castradora, su embriagante belleza mexicana, sus barrocas joyas, su lujoso traje de noche y sobre todo el brillo imperial de sus ojos, aunado a su leyenda de mantis religiosa, cortaban el aliento.
La visión de la mujer en Jodorowsky tiene que ver con su traumática relación materna. Su madre se llamaba Sara Felicidad y cuando Alejandro tenía 7 años, ella le contó: Después de hincharme a golpes los ojos (porque le pareció que había mirado con apetito a un cliente en la tienda), tu padre me violó, dejándome encinta. Desde entonces lo odie y a ti no te pude querer. Cuando naciste me hice ligar las trompas. O sea, Jodorowsky fue un feto no deseado. Mis padres más que como un feto me vieron como un tumor. En una reflexión a propósito de María Félix, que dice en un momento “el perro también me desea” el artista escribe que porque deseaban mi presencia en el mundo, todas las fuerzas del universo se confabularon para que naciera. Cada ser viviente es un triunfo del deseo cósmico.

El maestro Ejo Takata medita
durante la función de Zaratustra



La Tigresa



Una de las magas más espectaculares en el tránsito mexicano de Jodorowsky es Irma Serrano, la Tigresa, que en esos años había montado un espectáculo en el famoso teatro Fru-frú, donde todas las noches escenificaba Nana, ante un público escandaloso que le gritaba ¡pelos! De ella se decía que era amante del presidente Gustavo Díaz Ordaz, a quien en su círculo de guardaespaldas y chulos, se le apodaba El califa. La Tigresa manda llamar a Jodorowsky con unos amigos: dice que le gustas y te quiere conocer. Llega el autor a su camerino, que era igual que entrar en la jaula de una fiera. A una mujer así bastaba verla un segundo para no olvidarla nunca. La mirada carnicera de su grandes ojos parecía desprovista de piedad. Una abundante melena negra encuadraba un rostro de muchacha pueblerina, convertido, por hábiles operaciones quirúrgicas, en el de una princesa azteca. Incluso sus dientes estaban limados para, sin esquinas angulares, hacerlos parecer diminutos cuchillos. Dos senos inflados por la silicona torturaban una bata semitransparente, sus piernas, mucho más abultadas de lo normal, descansaban sobre la mesa del tocador. ¿Qué decir de su voz? Cada una de sus palabras navegaba en un sordo gruñido. En cualquier momento sus frases podían convertirse en puñaladas.
La experiencia con la Tigresa es hilarante (para el lector) y atroz para el artista. Ella saca una botella de mezcal (vamos a ver si eres macho) y le ordena beber a su ritmo, vaso tras vaso, hasta consumirla. Luego, pone otra botella, llena. Completamente borracha cayó hacia atrás. De espaldas, con las piernas abiertas, mostrándome la oscura boca que todos los mexicanos deseaban ver, me dijo: sumérgete en mi pozo. Pero te advierto que no tiene fondo.
Ebrios salen del teatro, suben a una limusina que los lleva a una amplia construcción de cemento que imitaba un castillo medieval. Ella lo conduce a través de su castillo hasta su dormitorio, un lecho redondo, con sábanas de seda color sangre. Me encontré tendido en el círculo sedoso junto a la Tigresa desnuda, inmóvil, como muerta. Traté de excitarla recorriendo con mis manos húmedas su cuerpo liso y frío. No tuve la sensación de tocar carne. Sus senos, piernas, glúteos eran duros, como de mármol. Tal pasividad desintegró mis ilusiones eróticas. En escasos segundos, mi falo se hizo pene.
La Tigresa le dice que él tiene que hacerlo todo, aunque él alega que colabore. ¡Si no se te levanta, llamaré a los periódicos y todo México sabrá que eres impotente!. Con esfuerzo el autor trepa sobre la estatua y ayudado por la saliva comencé a penetrar en su indiferente vagina. Ella me detuvo. Calma, artista. Ya me demostraste que puedes, y lo más importante, también te lo demostraste a ti mismo. Eso basta. Tu esperma no lo necesito. Prefiero que me des tu talento. Con esto hemos firmado un contrato. Vamos a trabajar juntos, tengo un gran proyecto.
Jodorowsky piensa: Tenían razón los ciudadanos al colocarla, en la escala de la popularidad, junto a la Virgen morena, porque esa mujer, en espíritu, era de una pureza impenetrable.
Y luego viene una gran farsa, pues acuerdan aparecer ante la prensa como amantes, y a esto se presta la esposa del artista, Valerie, pues era la publicidad preliminar para lanzar Lucrecia Borgia. Sin embargo los arrebatos de la Tigresa, al no asistir ni a los ensayos, hacen imposible la colaboración, viene un lío legal por los derechos de la obra y la ANDA falla salomónicamente: que ambos presenten sus versiones y el público decida: resultado, Jodorowsky dura un mes y medio en cartelera, mientras la Tigresa, que se desnuda por completo, gana un montón de dinero . Finalmente, tomando un café como amigos ella le dijo: Fue un buen escándalo. Gracias a la guerra que me diste, he ganado una fortuna. Permite que te haga un regalo, y le colocó un anillo de oro adornado con una calavera.¿Otra boda espiritual, como la de Pachita? Cuando llegué a mi casa, por más que lo intenté, no pude quitarme el anillo del dedo. Sentí, cuando acariciaba el cuerpo de mi mujer, que la calavera dorada emitía efluvios nocivos. Acude entonces con su maestro Takeda que sonriendo, me lo quitó del dedo sin hacer el menor esfuerzo. Cesó el dolor de mi brazo.
En sus meditaciones con el monje se plantea el siguiente koan: Un monje pregunta:
La nieve cubre mil colinas, pero ¿por qué sólo el pico más alto no está blanco?
Otro monje contesta: Deberías conocer la más absurda de las absurdidades. El primer monje pregunta: ¿Cuál es la más absurda de las absurdidades?. El monje segundo dice: ¡Ser de un color diferente al de las demás colinas! Conclusión: ¡Conviértete en colina!
Comprende entonces Jodorowsky que la Tigresa, con sus zarpasos, me había dado una importante lección. Al aceptar colaborar conmigo debí, dejando del lado mi vanidad de director, incorporarla a la obra sin tratar de cambiar su manera de ser. Entre los dos, ambos cubiertos de nieve, hubiéramos obtenido una Lucrecia admirable. La actriz no trataba de ser diferente de su público, yo en cambio, sintiendo que mi arte era superior, desligándome de los espectadores, por considerarlos vulgares, los perdí.
El autor teje relaciones luminosas entre sus experiencias con brujas y las formas sutiles de la enseñanza zen.

Unica foto conocida de doña Magdalena




Doña Magdalena

Alejandro Jodorowsky es mimo, actor, director de teatro, director de cine, escritor, autor de comics, tarotista y un reconocido terapeuta. Autor de la psicogenealogía, más o menos al mismo tiempo que Bert Hellinger lanzó su técnica de “constelaciones familiares” (ver Ciclo No. 48), en este libro revela las fuentes de otra de sus aportaciones holísticas, el “masaje iniciático” que aprendió de la curandera Doña Magdalena, que lo salvó de ser violado por un grupo de prostitutos que en un callejón de la ciudad de México le propinaron una golpiza. Me inmovilizaron boca abajo con las nalgas al aire y las piernas abiertas. Acompañada por un coro de burlas, una mano diestra me untó saliva en el ano. Sus risas se congelaron cuando una voz femenina exclamó: ¡Déjenlo, es mío! Con los pantalones colgando de mis rodillas como un molusco muerto, asaltado por temblores nerviosos, con una absurda voz de niño me puse a lanzar sollozos de humillación. Doña Magdalena le dijo: No te avergüences, muchacho. No des tanta importancia a la penetración. Esos jóvenes no son malos, los conozco bien. Cada vez que están enfermos vienen a verme. Si se portaron así contigo es porque ofendiste a uno de ellos. Y de todas maneras, como son profesionales te hubieran poseído sin hacer daño. Tal vez querían hacerte aceptar el lado receptivo, que todo hombre de pelo en pecho reprime por desprecio a la mujer.
Doña Magdalena lo lleva a su casa, le desinfecta las rodillas y me invitó a sentarme en una mesa de masajes. Se identifica con él como parte de las elementales partículas de la conciencia eterna y hablando desde la tercera persona del plural le dice: lo que te vamos a enseñar no es sólo para ti: la semilla se da al sembrador para que haga fructificar la tierra. Como en el caso de las magas Pachita y María Sabina, Doña Magdalena decide, a través de él, difundir un conocimiento oculto. Si hasta ahora te has ido por el camino mental, nosotras te guiaremos por el camino corporal.
Al día siguiente, la curandera lo recibió completamente desnuda. Como en otras ocasiones, el aprendiz se enfrenta a esta nueva maestra, primero con el cuerpo. Magdalena, en carnes, parecía vestida con su alma. Su calma, su dignidad, la armonía de sus movimientos, el tono parejo y oscuro de su piel, la hacían parecer un ídolo de greda. Y empieza un ritual conmovedor, pues el artista toma conciencia primero de su vestimenta, al despojarse de ella, sobre todo de la chamarra de cuero. Has llegado cubierto con los restos de un animal asesinado. El dolor, amalgamado en el cuero, traspasa tu carne y se asienta en tu alma. La piel entera es un ojo que absorbe al mundo. Ten cuidado con los materiales con que la cubres. Todo objeto tiene su historia. El lino, la seda, el algodón, la lana, son elementos puros que no empañan tu mente. El resto es maligno, ataca tus células, te desequilibra el sistema nervioso, inyecta sufrimiento en tu carne. La ropa usada sin conciencia es un disfraz. En esta sección de su libro, Jodorowsky transmite al lector una sabiduría milenaria sobre el cuerpo. La curandera explica cada acto que realiza: desvestirlo (La mujer y el hombre sagrados no deben vestirse para parecer sino para ser. Las vestiduras tienen una forma de vida), bañarlo (cada uno de sus siete cuerpos), rasparlo con un cuchillo de hueso (para quitarte el miedo y sacarte del calabozo carnal), palparlo (me pareció que sus dedos se hundían en mi carne hasta asir la osamenta y hacerla girar hacia fuera, como si estuviera abriendo un féretro largo tiempo cerrado. Si los huesos son seres, las articulaciones son puentes por donde has de atravesar el tiempo, le dice), pellizcarlo o estirarlo (tu piel no es una cárcel que te priva del mundo, no vives encerrado en una ilusión que llamas “dentro”. Permite que te lleve hacia “afuera” para que cese el infierno de la separación) y masajearlo. (Estabas lleno de cofres cerrados, guardando tristezas, sufrimiento, rabias, frustraciones. Cuando reviví tus huesos te hice ir hacia adentro; cuando estiré tu piel, hacia fuera; al abrir cada uno de tus músculos te impulsé hacia los lados, alba y crepúsculo al mismo tiempo; ahora te he vaciado de esos recuerdos, presos en las fibras de tus músculos). Doña Magdalena va despertando a la conciencia cada uno de los órganos, con su voz les da voz: habla el hígado, el corazón, los pulmones. Se refiere a las víceras: En vosotros, los hombres, la vícera se hace órgano. Nosotras sentimos nuestra vulva como un centro creador. Vosotros sentís el falo como un compañero, una herramienta placentera, y lo separaís del centro emocional, acuéstate, voy a dar raíces a tu sexo. El trabajo de Doña Magdalena en el cuerpo del artista es metaforizado como una creación demiúrgica. Son páginas vibrantes y altas las que logra Jodorowsky al reproducir las palabras de la curandera que explican lo que sus manos hacen con él (¿El cuerpo que me ofreces es un todo o un fragmento? Reconoce que lo vives como un fragmento.) Le peina el aura, le lava su sombra (un reloj de sol). Se unta a él. Lo chupa. Lo sopla. Lo muerde inyectándole palabras en maya. Es una experiencia que duró cuarenta días, hasta que él puede practicarse el automasaje. Una tarde regresa a buscarla, pero ya no la encuentra. Pregunta a uno de los prostitutos que se ofrece en la esquina y le dice: Doña Magdalena es como el aire, llega transportando semillas, las siembra y se va.

Reyna D’Assia, hija de George Ivanovitch Gurdjieff,
posa con su hija Ivanna cuyo padre puede ser Alejandro
Jodorowsky o el brujo oaxaqueño don Prudencio.

La hija de Gurdjieff

Reyna D¨Assia descubre a Jodorowsky cuando éste promovía su película El Topo. Al verlo se le echa encima, lo abraza, venía buscándolo desde Nueva York: senos que retaban, nalgas rebosantes, encrespada melena extendiéndose como un aura de alquitrán y en lugar de ojos dos pozos azules. Él artista viste el atuendo de cuero negro que usó para su película, pues cuando ella lo encuentra él daba una conferencia de prensa; la extravagante mujer lo invita a su hotel, al llegar se desnuda y le pide que, sin quitarse su traje negro, la penetre. Así como Doña Magdalena le revela los secretos del cuerpo mediante las técnicas que él llamará masaje iniciático, la bella muchacha va a mostrale las técnicas vaginales de éxtasis sexual que aprendió de su madre, quien fue enseñada a su vez por el célebre filósofo ocultista George Ivanovitch Gurdjief (Ver Ciclo No. 38), padre de Reyna: Gurdjieff decía que la mayoría de las mujeres, por perezosas, tienen un “atanor” muerto. Desde pequeñas se les enseña que el falo es poderoso, activo, vital y que ellas llevan entre las piernas un cesto semejante a un pantano, sin otra posibilidad de acción que la de ser llenado por el sembrador de espermatozoos. Gurdjieff enseñó a mi madre a despertar y hacer crecer su alma desarrollando una vagina viva. De la misma manera como enfrenta el cuerpo de Doña Magdalena o de Irma Serrano, el artista percibe el de D´Assia también con sus palabras: Mi vagina logra realizar todos los movimientos que hace la lengua. Es más, puedo a voluntad aumentar o disminuir la secreción lubricante. El discurso de la extranjera empalma en efecto con los conocimientos difundidos por el mago ruso, quien llegó a Estados Unidos presentando su escuela de Danzas iniciáticas, y que Reyna representa para el artista, quien presencia cómo ella sentada como una reina, con las rodillas muy separadas, después de una larga absorción de aire lo fue expeliendo para producir un ruido musical, entre metálico y orgánico. Ella le explica que en la remota antigüedad, para hacer dormir a los pequeños, las canciones de cuna se entonaban con la vulva. Cuando las mujeres olvidaron esta capacidad, sus hijos cesaron de sentirse amados. El llanto que te embarga expresa el dolor de haber tenido una madre con el sexo mudo. Al mismo tiempo que lo alecciona sobre la naturaleza del amor y la conciencia, le enseña técnicas sexuales: Esta que acabas de conocer es la primera de las técnicas que toda mujer debe desarrollar para satisfacer a sus amantes, la manual. Las otras tres son la bucal, la vaginal y la anal. Mi santo padre asimilaba estas cuatro habilidades a los centros intelectual, emocional, sexual y corporal. Está claro que vía manual corresponde al cuerpo; la vaginal, al sexo y la bucal, al intelecto. Por tanto, empleando la técnica anal podemos controlar las emociones del hombre ¿quieres ensayar?Ensayé y me volví loco.
Como se puede notar la experiencia es muy original y ofrece una dimensión nueva a lo erótico. El artista le pide que se quede en México y ella ríe, llamándolo un bárbaro psicológico. Unas cuantas contracciones del esfínter anal han bastado para que te encadenes a mí. Los diálogos de este capítulo son delirantes e instructivos, pues en todo momento D´Assia expone el evangelio de Gurdjieff, a tiempo que hace el amor y danza, recitando series incomprensibles de números, hasta que finalmente le propone a Jodorowsky ir a Monte Albán y luego buscar un brujo en un pueblito para comer hongos que producen una verdadera muerte. Encuentran, después de mil peripecias, al anciano Prudencio Garza, que ya los esperaba, los lleva a su choza y le pide a ella que se desnude y se acueste en el petate. Le da a comer cuarenta hongos blancos semejantes a pequeños falos. El viejo reza a la Santa Muerte. Ella empalicede y deja de respirar. Pasan las horas. Al otro día sigue igual, hasta que el viejo le da de beber al artista un poco de leche. Cae dormido y despierta hasta que ella ya está vestida, se van y le cuenta ella que al despertar me encontré tendida en el suelo, desnuda, con las piernas abiertas y Don Prudencio sobre mí introduciendo su falo en mi vagina. No sé qué pensar. Es extraño que yo volviera a la vida justo cuando él eyaculaba. Al final del capítulo aparece una foto de Reyna, con una niña, que luego de algunos años ella le envió a Jodorowsky con una lacónica misiva: Yo con Ivanna, mi hija. No sé si su padre eres tú o don Prudencio.
Como se puede ver en esta breve glosa, cada capítulo con sus respectivos personajes, está narrado a manera de un cuento; Jodorowsky es uno de los mejores escritores hispanoamericanos, aunque el término “escritor” le queda corto, pues su interés es extra literario. Él lo que busca es aportar su experiencia a los lectores, en el camino del autoconocimiento y, también, difundir los valores de la tradición oculta en prácticas de sanación. El arte, para el chileno-judío-mexicano-francés, es el espacio que conecta todos los mundos y todos los estadios del hombre.Para finalizar, su libro apunta sabrosas anécdotas con Pablo Neruda, George Harrison, (que quiso interpretar el papel principal de la película La Montaña Sagrada, siempre y cuando el director eliminara la escena en la que a este personaje se pone en posición supina, con las nalgas frente a la cámara y se le enjabona el ano), Mario Moya Palencia, secretario de gobernación de Luis Echeverría, que lo manda traer con policías a su despacho para amenazarlo por la próxima presentación de su película La Montaña Sagrada; Dalí, que le quería cobrar por actuar en Dune, proyecto frustrado, cien mil dólares la hora; Orson Welles, que aceptó participar; Fellini, que al verlo exclamó: ¡Jodorowsky! Al borde de las lágrimas respondí: “Papá!”



Ciclo Literario.

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